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sábado 2 de junio de 2007

Otro ladrón que no pagará las consecuencas (y este no es marero).

Este editorial refleja en gran manera lo que pienso ante la noticia de la resolución del Amparo legal para detener la extradicion de Portillo:

Editorial de Prensa Libre:

Hace ocho años, en una temporada como la actual, Alfonso Portillo recorría el país del brazo de Efraín Ríos Montt, en busca de apoyo para llegar a la Presidencia de la República.
Su arma favorita fue, como siempre, su delirante verborrea tachonada de promesas de una administración proba, honesta y transparente, del fortalecimiento de la justicia y del estado de Derecho y de dinamización de la economía, para que la prosperidad proyectara sus beneficios a todos los guatemaltecos.
De más está decir que ninguna de aquellas ofertas apadrinadas por el eferregismo y su caudillo llegaron a buen puerto. Antes bien, Portillo dejó sumido al país en la mayor depravación moral de que se tenga historia, pues nunca antes ningún mandatario abusó tanto del erario como aquel zacapaneco confeso de dos asesinatos a sangre fría, ni se esforzó más que aquél para propiciar la burla de la ley y de la justicia o para orillar al país a una ingobernabilidad monumental.
Ríos Montt y sus huestes se equivocaron de cabo a rabo con la designación de aquel hombrecillo de discurso fogoso, pero sin ninguna ejecutoria pública o administrativa que refrendara su oportunismo.
Pero también erraron de manera garrafal quienes cayeron de hinojos ante sus desplantes de idoneidad y vieron en él a un oportuno salvador de la Nación, coronado, además, con la aureola del hombre valiente dispuesto a tirar del gatillo cuantas veces fuese necesario, en defensa de su honor y de su patria.
El voto que llevó a Portillo al poder es, sin duda, el sufragio más caro en términos económicos y morales emitido a favor de político alguno en la historia nacional, no sólo por las sumas cuantiosas que aquél malversó de los fondos públicos, sino por sus efectos sobre la institucionalidad y la democracia, pues aún hoy su dinero mal habido para la compra de voluntades, sus tentáculos políticos y su histrionismo para presentarse como víctima de una supuesta persecución política, constituyen verdaderas burlas y afrentas a la dignidad nacional.
Precisamente anteayer fue un día trágico para las aspiraciones nacionales de ver tras las rejas algún día a aquel mal recordado ex mandatario, pues la Corte de Constitucionalidad (CC), en Guatemala, y un tribunal de primera instancia, en México, fallaron porque cese la persecución penal en su contra.
Extraña la postura de la CC, porque se suponía que ya estaba a salvo del dominio que ejerció el FRG sobre sus resoluciones, en el período pasado, cuando pervirtieron su autonomía con fallos aberrantes.
Y en cuanto al juzgado mexicano, representa la ironía de una nación que rinde afectada pleitesía a un sujeto cuyo mayor mérito es haber dado muerte a dos de los suyos.
La corrupción y la manipulación ponen a Portillo cada día más lejos de la justicia y probablemente más cerca de lograr, por medio de la componenda política, la inmunidad y la impunidad anheladas para asegurar en definitiva que nunca tenga que rendir cuentas a la justicia.
Portillo es creación del eferregismo y un ingrato ejemplo de las muchas perversidades que representó para el país el paso del partido de Ríos Montt por el Gobierno.